Diana, diosa virgen de la caza

De acuerdo con la mitología romana, Diana es la diosa de la naturaleza salvaje, la caza, la castidad y la luna. En la antigüedad solía ser representada como una joven de aspecto virginal e inigualable belleza, quien llevaba consigo un arco con sus respectivas flechas, pero, además, era común ver algunas obras en las que aparecía acompañada por un ciervo, haciendo alusión a la historia de Acteón, uno de sus relatos más famosos.

A pesar de ser una deidad con raíces itálicas, Diana tampoco se salvó de ser helenizada producto de las conquistas del Imperio Romano en territorio griego, por ello, esta divinidad adoptó gran parte de sus características, atributos y funciones de Artemisa, su igual en el panteón olímpico.

De allí que incluso compartieran muchas características en cuanto a su atuendo, pues en ambas versiones vestía túnicas bastante cortas, tenía el cabello recogido y estaba acompañada por perros de cacería.

También acostumbraba a estar junto a su séquito de ninfas, en especial de Egeria, así como del señor de los bosques llamado Virbio.

Adicionalmente, Diana figuraba como diosa de la fertilidad, los partos, los niños, los bosques y los animales domésticos según distintos mitos relacionados con ella.

Diana Mitología Romana
Diana Mitología Romana – Diosa de la caza

Origen de Diana

Debido a la fuerte asociación que existe entre la diosa virgen de la caza, con Artemisa, la mayoría de los mitos sugieren el origen de Diana en la isla griega de Delos, ubicada en el mar Egeo.

Allí fue el único lugar en el que su madre, llamada Latona (Leto en la mitología griega), pudo tenerla, porque se vio obligada a huir de la furia de Juno, pues el responsable del embarazo era el esposo de esta última, el gran Júpiter.

Celosa e iracunda por aquella aventura entre el dios del trueno y Latona; Juno prohibió a la amante de su marido dar a luz en sitio alguno sobre la faz de la tierra, pero afortunadamente Delos acababa de emerger, así que decidió dirigirse a dicha isla.

Por supuesto, bajo estas circunstancias no había ningún ser dispuesto a ayudar en el parto, pero Diana, de sangre divina, tomo forma adulta y le tendió la mano a su madre mientras concebía a Febo (Apolo), su hermano gemelo.

Presuntamente, esta fue una de las razones por las cuales la diosa decidió mantener su castidad durante toda la eternidad, es decir, para evitar sufrir los dolores de traer un hijo al mundo.

Más adelante, su padre la bautizó como protectora de los bosques, le obsequió su arco, sus flechas y la dotó de habilidad para convertirse en la diosa de la caza.

Genealogía

Si bien es cierto que en la mitología romana Diana juró mantener su virginidad por siempre, el culto a esta diosa se extendió hasta ser adoptado por las religiones neopaganas de Italia en el siglo XIX, dándole continuidad a los relatos acerca de esta divinidad, pero con algunos cambios drásticos, por ejemplo, un amor prohibido y el fruto de dicho encuentro.

El relato, descrito en el “Evangelio de las brujas” del autor estadounidense, Charles Leland, en el año 1899, narra la historia entre Lucifer, el diablo conocido por ser el señor de la luz, y Diana, como principal deidad de las Wicca, es decir, el dogma de las mujeres que practicaban la hechicería.

De acuerdo con el mito, estos dos seres de inmenso poder tuvieron una hija llamada Aradia, quien descendió al mundo mortal por orden de su madre, para enseñar la brujería entre las esclavas de aquella época.

Fue así como, en esta versión, la única descendiente de Diana se convirtió en la primera y una de las más fuertes brujas de los cuentos neopaganos.

Culto a la diosa lunar

La civilización romana sentía profunda devoción por Diana, especialmente las mujeres que pedían ser madres o tener embarazos saludables, por ello celebraban cada 15 de agosto la “Nemoralia”, un culto realizado en honor a esta importante figura romana, el cual se desarrollaba durante luna llena en el Lago Nemi, al sur de Roma.

Según la tradición religiosa, los asistentes se lavaban y, posteriormente, rendían tributo a la diosa colocándose flores en la cabeza.

De igual manera, los participantes tenían la tradición de adornar a sus perros con collares de flores, en un acto simbólico para enaltecer a Diana como protectora de los animales.

Otras de las actividades eran el encendido de antorchas. Asimismo, los creyentes escribían mensajes en tiras de tela, que luego ataban a los árboles. Además, elaboraban ofrendas utilizando frutas.

Atributos de la diosa Diana

La divinidad tenía cualidades que la convertían en una de las más poderosas diosas romanas, ya que era capaz de hablar con los animales.

Esta figura mística siempre intentaba proteger a la madre naturaleza al ser el hogar de muchas criaturas. Su imagen fue sinónimo de amor, entrega y respeto a la biodiversidad.

Por otra parte, Diana ayudaba a personas de la nobleza, pero también a los más humildes, de hecho, fue llamada patrona de los esclavos.

Adicionalmente, entre sus virtudes destacaba la inteligencia. Incluso en la mitología romana se dice que ella remplazó a la luna, convirtiéndose en la diosa lunar, por lo que dirigió de esta manera los movimientos del satélite natural. También, como se mencionó al inicio del artículo, era llamada la diosa de la castidad y fertilidad.

No obstante, Diana podía llegar a ser vengativa y bastante cruel, sobre todo cuando alguien atentaba contra su voto de castidad, o alguna de sus ninfas incumplía dicha norma.

Por supuesto, al ser la deidad de la caza, era natural que en ella brillaran atributos como la agilidad, la fuerza y la destreza.

Mitos sobre Diana

Los mitos sobre Diana se caracterizan por ser cortos y narran aspectos muy puntuales, con relación a su nacimiento, poderes o personalidad.

La diosa, a pesar de ser reconocida por sus virtudes, también tenía defectos, los cuales son descritos en algunas historias que muestran la otra cara de la deidad romana de la cacería.

En este sentido, si ella no estaba de acuerdo con algo o incumplían sus leyes, se convertía en un ser furioso y punitivo.

Diana y cómo obtuvo el arco y las flechas

Según la mitología romana, Júpiter designó a Diana como reina de los bosques, entregándole a su hija el arco y las flechas, volviéndose toda una experta en la caza.

Para que no estuviera sola, el dios supremo envió un grupo de ninfas que debían obedecer a la diosa, y ellas le ayudaban con diversas tareas incluyendo la cacería.

Además, Júpiter ordenó a las ninfas conservar su virginidad, un mandato con el cual Diana era extremadamente exigente, y castigaba cruelmente a aquellas que lo incumplieran.

La venganza contra Calisto

Otro mito famoso es la venganza de Diana contra Calisto, esta última era una de sus ninfas, la cual salió embarazada. Entonces, la divinidad, enfurecida, castigó a la mujer transformándola en una osa con el objetivo de desterrarla de su cohorte.

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