Mitología Japonesa

Pese al inevitable sincretismo producido por la influencia de creencias extranjeras, la mitología japonesa conforma una de las pocas religiones politeístas vigentes en la actualidad, la doctrina sintoísta. De esta se nutren con especial respeto, todas esas historias fantásticas del pueblo nipones que están repletas de criaturas extraordinarias, personajes legendarios, e incluso distintas deidades a quienes atribuyen las fuerzas de la madre naturaleza o las manifestaciones del mundo espiritual.

Y es que igual a otros países, el folklore de Japón ha sufrido ciertas adaptaciones con el paso del tiempo, aun así, todavía conserva una enorme parte de sus relatos míticos originales resguardados tanto en el Kojiki, como en el Nihonshoki, los dos documentos más antiguos de su historia.

Además, la mitología japonesa inicia explicando una sencilla cosmogonía para abrir paso a la inmensa teología que tanto caracteriza al país del sol naciente, dotando también de origen divino a las primeras familias imperiales y añadiendo un ápice de misticismo a las diversas tradiciones que aún hoy siguen presentes a través del sintoísmo, convirtiéndose, de esta manera, en una verdadera muestra de arraigo cultural.

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Dioses de la mitología japonesa

Comparados con las divinidades de otras culturas, los dioses de la mitología japonesa son unos de los más numerosos de todos, aunque la gran mayoría son personificaciones de la naturaleza y sus elementos.

En este sentido, las deidades pueden simbolizar desde el sol, bajo la figura de la deslumbrante Amaterasu; hasta el dios del arroz y de la agricultura, llamado Inari.

Sin embargo, la creencia nipona también incluye otras figuras divinas para encarnar, por ejemplo, la buena fortuna, la muerte o la poesía, es decir, cualidades y situaciones más allá de los fenómenos o los componentes propios de la naturaleza.

Por esa razón, describir a cada uno de ellos sería una labor realmente extraordinaria, por eso mencionaremos únicamente a los dioses principales de la mitología japonesa:

Izanagi

Es uno de los dioses principales engendrado con el propósito de crear la tierra y hacerla habitable junto a su esposa, Izanami. De allí que ocasionalmente lo mencionen como “el primer hombre”.

Para cumplir su cometido, a Izanagi le otorgaron laAmenonuhoko”, una poderosa lanza celestial dorada y adornada con joyas, la cual tenía el poder de la creación. De hecho, este dios erigió las islas de Japón con las gotas de agua que cayeron de la punta de esta arma legendaria, después de hundirla en el océano.

Izanami

En el Shinto Izanami es otra de las deidades más importantes, pues luego de compartir su lecho con su esposo, ella procreó una inmensa cantidad de dioses que representan tanto las fuerzas de la naturaleza, como los demás elementos del entorno, es decir, aquellos destinados a terminar de edificar el mundo y darle equilibrio.

No obstante, esta divinidad perdió la vida dando a luz a uno de sus hijos llamado Kagatsuchi, el dios que representaba el fuego. Pero la historia de Izanami continuó, ya que Izanagi descendió al mundo de los muertos para rescatarla, llevándose un gran susto al verla descomponerse, por eso huyó del lugar y ella, ofendida, le juró llevarse mil almas diarias, mientras él prometió crear mil quinientas cada día.

Kagatsuchi

Luego de ocasionar el fallecimiento de su madre con al ardiente fuego que produjo al nacer, Kagatsuchi fue asesinado por su propio padre en un ataque de ira y venganza tras la pérdida de Izanami.

Este kami pudo ser uno de los más poderosos dioses de la mitología japonesa gracias al elemento que representaba (el fuego), pero Izanagi lo cortó en 8 pedazos de los cuales surgió la misma cantidad de deidades volcánicas. Con este relato mitológico, culmina el período de creación y surge por primera vez, el concepto de la muerte.

Amaterasu

Es la gran diosa del sol. Nació después de que Izanagi volviera del Yomi o inframundo, y comenzara a purificarse con agua. Al lavarse el rostro, surgió Amaterasu específicamente de su ojo derecho.

También se levantaron dos divinidades más durante el mismo proceso, Susanoo y Tsukuyomi, pero fue a ella a quien su padre confió la autoridad del cielo para poder dotar de luz al mundo.

Susanoo

Dios de las batallas, las tormentas y el mar. Susanoo es el hermano de Amaterasu que nació de la nariz de su padre. Sin embargo, destacó por su mal comportamiento, por ello lo exiliaron de los dominios del mundo.

Sin embargo, este Kami logró regresar al obsequiarle una espada a su hermana, un arma que encontró en una de las colas de un dragón.

Tsukuyomi

Es el dios de la luna. Tsukuyomi emergió del ojo izquierdo de Izanagi, quien le concedió los dominios del cielo junto a Amaterasu.

Según el mito, su hermana, la diosa del sol, le encomendó asistir a un banquete en su lugar, el cual estuvo organizado por otra divinidad, Uke Mochi, pero Tsukuyomi la asesinó y Amaterasu se enfureció. Desde ese momento se separaron y él gobernó el cielo durante la noche, mientras ella dominaba en el día.

Uke Mochi

Diosa de la fauna, la flora y los alimentos. Uke Mochi fue la creadora de todo aquello que representa e incluso, al morir, de su cuerpo surgieron cinco importantes cereales de la tradición japonesa.

Gracias a su inesperado deceso, fue que los hombres pudieron conocer el arroz, las judías pintas, el mijo, la soja y el trigo.

Inari

Uno de los dioses más versátiles y venerados de la mitología japonesa. Es la deidad del arroz, la agricultura, la felicidad, el éxito y la industria.

En la cultura nipona, Inari puede figurar con cualquiera de los dos géneros, a veces como un ser masculino y en otras ocasiones luciendo una imagen femenina. Por otra parte, es una de las entidades sagradas con más templos construidos en su honor, pero, además, es común asociarlo con zorros blancos, pues estos eran sus mensajeros de confianza.

O-Wata-Tsu-Mi

El dios de los seres vivos que habitan el océano. O-Wata-Tsu-Mi es un imponente Kami marino capaz de mantener un control absoluto sobre el agua.

Normalmente se le representa con la forma de un gran dragón verde oriundo de las zonas más profundas del mar, pero también puede presentarse simplemente como un anciano y realmente, es un ser bondadoso.

Hachiman

Kami de la guerra, de los samuráis y protector de la vida de los seres humanos. Hachiman es un dios misterioso del cual no se tiene mucha información, y se representa por medio de una paloma blanca.

Takemikazuchi

Un poderoso dios nacido a partir de la sangre de Kagatsuchi, asesinado a manos de Izanagi. Takemikazuchi es el responsable de los truenos y el señor de la espada.

Es él quien se encarga de vigilar a otra divinidad importante, Namazu, quien agita la tierra cuando su guardián se distrae.

Namazu

Dios de los terremotos en Japón. A Namazu también se le atribuyen fenómenos naturales como la formación de los Tsunamis.

En su mito lo describen con la apariencia de un pez colosal que vive en las profundidades de la tierra, y el único con el poder para dominarlo es Takemikazuchi.

Ebisu

Dios tanto de la prosperidad, como de la riqueza en los negocios. Ebisu es uno de los primeros dioses nacidos a partir de la unión entre Izanagi e Izanami.

A él le rinden especial tributo los pescadores que buscan prosperar. De hecho, en el sintoísmo lo retratan cargando un pescado, portando sombrero y una caña.

Inugami

Curiosamente, los Inugami son dioses creados a raíz de rituales de sacrificio, sin embargo, representan la buena fortuna y el éxito.

Estos seres sagrados realmente son perros que fueron enterrados vivos hasta su cuello, con comida en su frente y destinados a morir, aun así, los mitos acerca de esas acciones se justifican afirmando que el sufrimiento de sus amos es mucho más fuerte al de ellos. Al convertirse en Kami, los Inugami pasan a ser excelentes espíritus guardianes.

Ama no Uzume

Divinidad de la fertilidad, la danza y la felicidad. Ama no Uzume destaca por ser ella la principal diosa que logró hacer salir a Amaterasu de la cueva en donde se encerró, cuando Susanoo la atemorizó.

Shinigami

Para la cultura japonesa los shinigami simbolizaban los dioses de la muerte, encargados de trasladar las almas al Yomi, el inframundo.

En este sentido, las figuras místicas identificaban el momento que las personas debían abandonar el plano terrenal, sin embargo, antes de ocurrir el deceso, se dirigían a las víctimas con la intención de quitarles las ganas de vivir, para luego provocarles la muerte.

Los Kami

Si bien es cierto que las divinidades de la mitología japonesa forman parte de los “Kami”, es un error asumir el significado de dicho término para referirse únicamente al conjunto de dioses, pues el concepto engloba a otros espíritus pertenecientes a clasificaciones distintas.

Para el sintoísmo o Shinto, como también se le conoce, los Kami son todas aquellas entidades dignas de veneración, ya sea por sus virtudes sobrenaturales, o debido a la “autoridad de índole celestial” otorgada a algún humano.

De allí que los emperadores fuesen considerados dignos de adoración en el antiguo Japón, porque los creían herederos de la gracia divina.

Asimismo, los Kami podían ser héroes mitológicos e importantes personajes de la historia, como, por ejemplo, aquellos que fundaron clanes.

Por otra parte, todos eran venerados mediante festivales en lugar de templos específicos, indiferentemente de su clasificación, fuesen dioses, espíritus sagrados o herederos de la autoridad celestial.

Qué es un yokai

En la mitología japonesa los Yokai son llamados demonios o espíritus, los cuales podían causar desgracias o incluso la muerte. Aparecieron en la religión sintoísta representando las fuerzas oscuras, según descendían de entidades malignas, dioses, animales, plantas u objetos.

Estos seres tenían distintas formas, aunque una de las más comunes fueron las de animales como:  mapaches (Tanooki), gatos (Makineko), zorros (Kitsune) y lobos (Okami).

Por otra parte, estaban los Kappa, cuya forma era la combinación de rana y pato, además, poseían una cavidad llena de agua.

Posteriormente, se encontraban los Oni, conocidos como ogros de aspecto muy aterrador. Ellos jugaban con las emociones de las personas con la intención de robarles la paz. Otras de sus funciones era la de empujar las almas al infierno.

Criaturas de la mitología japonesa

Desde tiempos remotos el bien y mal se han cruzado, por lo que en la mitología japonesa existieron criaturas que representaron ambos lados.

Por ejemplo, estaban aquellos especímenes, cuyas figuras simbolizaban la naturaleza, de tal manera que el pueblo nipón los consideraba sagrados y protectores. Otros eran bestias de aspecto terrorífico, causantes de malos presagios.

Y se encontraban unos espíritus más malvados, que buscaban enloquecer a los humanos hasta causarles la muerte. Sin embargo, en los relatos también había seres bondadosos que promovían la buena suerte.

Los cuatro guardianes

En el imaginario nipón existieron cuatro guardianes dotados de poderes extraordinarios, creados para representar los puntos cardinales.

La cultura japonesa influenciada por la China, incluyó criaturas de este país en su mitología, cambiándoles solo el nombre. Entre ellas se encuentran:

  • La tortuga representaba la tierra, y llevaba con ella una serpiente enrollada en su caparazón.
  • El ave fénix, llamada Suzaku, cuya imagen simbolizaba el fuego.
  • Otro era el tigre blanco, Byakko, emblema del viento.
  • Y el dragón de color celeste, Seiryu, relacionado al agua.

Tengu

Al principio, los tengu eran aves rapaces, sin embargo, se fueron transformando en especies híbridas, es decir, físicamente poseían rasgos humanos y animales.

Por eso, no es de sorprenderse que algunos miembros tuvieran enormes narices, mientras otros solo lucían largos picos.

Además, se caracterizaban por hacer bromas pesadas, pues en la montaña donde habitaban transitaban niños, a quienes secuestraban, y también hacían travesuras para que los monjes se perdieran en el lugar.

Kappa

Físicamente fueron la combinación de una rana y una tortuga, caracterizándose por sus extremidades largas, además, en la parte central de la cabeza tenían una especie de agujero lleno de agua, que si alguien intentaba vaciarlo hacía que estas criaturas perdieran sus poderes. Por otra parte, la estatura de estos ejemplares era comparada con la de un niño.

Dichos especímenes vivían en ríos o estanques. Según el mito, los niños que se acercaban a esas áreas y morían ahogados por culpa de los kappa.

Por otra parte, ellos veían a las mujeres desnudas a escondidas, para robarles la ropa o abusar sexualmente de éstas.

Oni

Eran criaturas horrorosas de gran tamaño, descritas con afilados colmillos que sobresalían de las bocas y poseían grandes cuernos.

Asimismo, los ogros tenían la piel rojiza o azul, la cual cubrían con vestimenta de tigre. Por otra parte, estos personajes provocaban desgracias a los humanos, tormentas y otros tipos de catástrofes naturales.

Otras de sus maldades, consistían en desviar el camino de los viajeros para robarles. También fueron los encargados de trasladar las almas de los muertos.

Yuki-Onna

Era el espíritu de una mujer blanca con el cabello largo y negro, quien cautivaba a los hombres por su belleza. Aparecía en las tormentas de nieve donde atrapaba a sus víctimas.

En este sentido, la dama fue conocida como la “mujer de las nieves”, pues lanzaba un aliento que congelaba a los caballeros, luego los besaba, extrayendo sus almas mediante la boca.

Tanuki

Fue la criatura inspirada en el perro mapache, una raza autóctona del continente asiático. Este personaje de enormes ojos, traía puesto un sombrero de paja y llevaba con él una botella de sake.

Presuntamente, el canino conservaba sus poderes en los testículos, usándolos para transformarse o hacer encantos con el objetivo de robar. A pesar de ello, los japoneses creían que su figura representaba la buena suerte.

Kitsune

En la mitología japonesa están los kitsune, es decir, zorros blancos que vivían mil años y servían a la diosa de la cosecha y el arroz, Inari. Ellos podían tener hasta nueve colas.

Estos seres fueron considerados sabios, sin embargo, no todo el tiempo actuaban bien, ya que alteraban el orden del tiempo, provocando alucinaciones, engaños o poseyendo cuerpos humanos.

Yūrei

Los yūrei son fantasmas que murieron trágicamente o se suicidaron, los cuales no alcanzaron el descanso eterno, y por lo general visitaban la tierra para resolver sus asuntos pendientes.

Dichos espectros personificaban a mujeres con el rostro cadavérico, cabello negro largo y vestían de kimono blanco.

Cabe destacar que estos espíritus no eran peligrosos para los humanos, solamente se vengaban de aquellos sujetos involucrados en su fatal desenlace.

Tsukumogami

Los famosos tsukumogami fueron entidades que poseían objetos con más de 100 años. Por otra parte, las personas se asustaban al ver estas figuras, porque creían haberse vuelto locas.

Mitos japoneses

Los mitos japoneses son la recopilación de historias basadas en la creación del mundo, de traiciones, amores, lealtad e incluso la muerte.

Cada relato acerca al lector a un mundo lleno de dioses, criaturas y personajes fabulosos, algunos de ellos representados en animes o videojuegos.

Sin duda alguna, las personas en general y especialmente los jóvenes, sienten interés por esta cultura, ya que les divierte ver a estos seres dotados de habilidades y poderes extraordinarios, trasladándolos a un lugar mágico.

La creación de los dioses mayores de Japón

El mito de la creación de los dioses mayores de Japón, empezó por el movimiento de una materia espesa y uniforme que se hallaba en el universo, provocando que la luz junto a las partículas ligeras, comenzaran a elevarse, sin embargo, esta última al ser pesada no siguió ascendiendo.

En este sentido, la claridad se situó en el área superior del universo, en cambio, las partículas formaron las nubes y luego el cielo, el cual fue llamado Takamagahara.

Otras partículas formaron una gran masa espesa y oscura, que sería luego la tierra. Tras este hecho, surgieron los tres primeros dioses: Ame-no-minaka-nushi-no-kami (天之御中主神?), Takami-musubi-no-kami (タカミムスビ (高御産巣日神; 高皇産霊神)? y Kami-musubi-no-kami.

El engaño de Susano

Otro mito famoso es “el engaño de Susano”, el dios de las tormentas y el mar, quien fue desterrado al inframundo por su padre, Izanagi, a causa de su mal comportamiento.

Como Susano sentía envidia de la diosa del sol, Amaterasu, decidió despedirse de ella antes de partir, sin embargo, la divinidad desconfiaba de su hermano y le propuso hacer una competencia que demostrara su buena fe.

La penitencia consistía en crear el niño divino más noble, mediante la espada de Susano o la cadena de ornamento de Amaterasu. Posteriormente, ambas deidades intercambiaron sus objetos. La diosa por su parte, hizo tres mujeres, mientras que el dios elaboró a cinco hombres.

Ambos quedaron empatados, sin embargo, el jurado eligió a la diosa como ganadora. Susano en venganza envió un potro medio desollado, porque era la especie sagrada de Amaterasu.

Después del hecho, ella se marchó triste a la cueva de Iwayado, mientras tanto la oscuridad se apoderó del mundo.

La desaparición del sol

Según el mito, después de que la diosa del sol, Amaterasu, se refugiara en la cueva, las deidades conversaron con ella para que saliera del lugar, no obstante, la figura mística se negó.

Con la intención de que volviera al mundo, el kami de la festividad, Ame-no-Uzume, planificó una especie de reunión en las afueras del sitio donde se hallaba Amaterasu.

Posteriormente, Ame-no-Uzume colocó un espejo de bronce frente a la cueva. Luego empezó a bailar cubierta de flores, quedó desnuda y los dioses empezaron a reír, la divinidad del sol sintió curiosidad y se asomó, después de pasar un buen tiempo en confinamiento.

Al salir Amaterasu, apareció un rayo de luz (el amanecer), luego la diosa se sintió cautivada por su propio reflejo en el espejo y con la ayuda del dios, Ame-no-Tajikarawo, escapó del lugar, devolviendo la luz al planeta.

Prosperidad y eternidad

La historia de la prosperidad y eternidad relata sobre la unión marital entre la princesa Konohana-Sakuya, (representaba las flores) y Ninigi, nieto de la diosa Amaterasu.

Antes de la boda, el amo de las montañas y padre de su prometida, Yamatumi, ofreció a Ninigi la posibilidad de contraer matrimonio con sus dos hijas: Sakuya e Iwanaga, esta última simbolizaba las piedras.

Ninigi rechazó la propuesta de su suegro, ya que solo se quería casar con Sakuya. Entonces, Yamatumi advirtió al nuero que él y sus descendientes se convertirían en mortales a elegir solamente a una como esposa, pues Iwanaga simbolizaba también la eternidad.

Príncipe Ōkuninushi

El príncipe Ōkuninushi era descendiente del dios de las tormentas y el mar, Susano. Este personaje estaba enamorado de la princesa Yakami, por lo que viajó con sus hermanos para cortejarla, sin embargo, sus parientes tenían la misma intención de conquistarla.

Durante el traslado, los paseantes se encontraron con un conejo herido, todos ellos excepto Ōkuninushi, les aconsejaron al animal que se diera un baño en la playa, luego se dirigiera a la montaña con el objetivo de que el viento lo secara, sin embargo, sufrió una agonía.

Tras el accidente, el príncipe recomendó al animal tomar un baño con agua fresca y cubrir su cuerpo con polvo de flor gama (cattail).

El conejo hizo la recomendación de Ōkuninushi y sanó. Más tarde, la criatura reveló al príncipe que era un dios y agradecido por su buen gesto, le dijo que se convertiría en el esposo de la princesa.

Yomi, la tenebrosa tierra de los muertos

El dios Izanagi buscó a su esposa fallecida, Izanami, al inframundo Yomi. En el medio de la oscuridad estaba ella. Él le pidió que se fueran juntos nuevamente a la tierra.

Sin embargo, Izanami rechazó la propuesta de la deidad, pues a su juicio ya era muy tarde, porque había probado el alimento de la tierra de los muertos.

De igual manera, Izanagi insistió y la mujer finalmente aceptó, con la condición de descansar una noche más en su habitación, sin que él entrara allí.

La dama se durmió e Izanagi logró encender una antorcha, cuando vio a su mujer era una horrible figura, la cual tenía gusanos, entre otras criaturas, que se deslizaban sobre su cuerpo.

El dios, despavorido, comenzó a correr e hizo despertar a su esposa llorando e indignada, y empezó a seguirlo junto a las Shikomes salvajes (mujeres asquerosas).

Izanagi lanzó varias cosas para interrumpirle el paso a ellas, no obstante, más adelante los Yomi también estaban detrás de él, por lo que orinó en un árbol, el cual se trasformó en un enorme río.

Pese a los obstáculos, la divinidad logró salir del Yomi, empujando rápidamente la entrada del sitio, por lo que su esposa le grito que “si no la dejaba salir, destruiría a 1000 residentes vivos”, a partir de allí surgió el tema de la muerte.

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